Elisa Yuste lleva casi dos décadas trabajando en el mundo de la educación, la edición y la traducción. Desde hace años, se ha ido especializando en el impacto que la tecnología tiene en la práctica de la lectura y en la creación y promoción de contenidos editoriales en soporte digital, sobre todo para público infantil y juvenil. Este nutrido bagaje la convierte en una de las voces más autorizadas en nuestro país para hablar del futuro de la lectura. Sin gritos, ni estridencias, Elisa alerta de que no se están formando lectores competentes, aquellos acostumbrados a leer en distintos formatos y por lo tanto, capaces de descifrar todo tipo de códigos y de comprender críticamente los mensajes que nos transmiten. Lo cual puede acarrear dramáticas consecuencias: no solo para las editoriales que nos dedicamos a la literatura infantil y juvenil, sino también para las editoriales generalistas que se van a tener que dirigir a un público adulto casi acostumbrado solo a consumir imágenes a través de la  pantalla.

-Tu trayectoria profesional siempre ha estado vinculada al libro, pero desde ámbitos muy diversos…

Pues sí, porque algunos de mis primeros pinitos profesionales se desarrollaron en el entorno educativo, con lo que me familiaricé con los libros de texto y los recursos educativos. De ahí pasé al sector editorial, trabajando en una pequeña editorial de mi ciudad natal, Salamanca. Y, a continuación, pasé el sector de la promoción de la lectura y las bibliotecas, con base en el análisis de contenidos para público infantil y juvenil, en el Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Esta etapa de diez años de carrera me llevó a mi faceta de consultora especializada, que se ha centrado en el impacto de la tecnología en la práctica de la lectura y en la creación y promoción de contenidos editoriales en soporte digital, especialmente para público infantil y juvenil, así como en las nuevas tendencias y aplicaciones de la tecnología en espacios culturales y educativos. Y en la actualidad formo parte del equipo de Odilo como Product Owner de Odilo School.

 

-¿De qué obra, proyecto, estudio en los que has participado te sientes más orgullosa?

De todos, jajaja, soy una persona muy entusiasta. Le pongo a todo lo que hago mucha atención, mucho cariño. Este año mi proyecto estrella ha sido el lanzamiento de “Mejor en verde…”, el primer sello de calidad de la LIJ española, que cuenta con más de sesenta editoriales amigas, lo cual, para que te hagas una idea, es un 70% del total de editoriales especializadas; un montón, así tengo mi oficina de libros, jajaja. Pero en estos momentos estoy volcada con Odilo School, el servicio inteligente de lectura y de trabajo de la lectoescritura de Odilo; es un proyecto increíble que tiene unas posibilidades brutales.

 

Elisa Yuste en su mesa de trabajo.

-¿Qué te llevó a crear una consultoría en cultura y lectura?

Pues dos amigos. Javier Celaya, CEO de Dosdoce.com, y Pepe Verdes, director de Librotea, El País. Cuando dejé el equipo de la Fundación no sabía muy bien por dónde encaminar mis pasos. Me planteé, incluso, cambiar de sector, pero a los pocos días empecé a colaborar con ellos en un proyecto y fueron los que me animaron. Por ello, salvando las distancias y con toda modestia del mundo, me especialicé en el impacto de la tecnología en la práctica de la lectura y en la edición, en la línea de Javier pero muy nicho.

 

-Dada tu experiencia y conocimiento del sector, ¿de qué adolecen y de que pueden presumir las editoriales de LIJ españolas?

Pues creo que pueden presumir mucho, la verdad. Los años de crisis no han tenido el mismo impacto en la producción editorial para público infantil y juvenil, que más o menos ha mantenido sus cifras (aunque no ha crecido). Este hecho ha provocado que surgieran muchos proyectos diferentes, también que editoriales generalistas abrieran una línea editorial para este público. Y el panorama es muy amplio y variado. Hay mucho nivel en la producción, aunque obviamente también hay propuestas menos ambiciosas. Echo de menos, eso sí, más innovación y el que se apueste por las nuevas formas de contar historias tanto para atraer lectores como para formarlos como lectores del siglo XXI.

 

-Elisa, uno de los grandes problemas del sector editorial es la cantidad de novedades que se publican. ¿Cómo puede un libro encontrar sus lectores si tiene tres meses escasos para hacerlo?

Bueno, pues yo creo que la LIJ tiene una ventaja respecto a la literatura para adultos en este sentido por el público al que se dirige y no tienen que preocuparse tanto por las novedades, sino por lanzar buenas propuestas que se hagan un hueco en los corpus de los mediadores. Con ese ánimo nació “Mejor en verde…”, que, poco a poco, pretende ir configurando un fondo de interés general. En una primera fase se centró en las novedades, pero en la actualidad, aunque se siguen recomendando novedades, la idea es ir añadido obras imprescindibles disponibles en catálogo que hayan superado la prueba del tiempo. No hay nada así en nuestro territorio y creo que sería una herramienta muy útil para mediadores: madres, padres, profesores, profesoras, bibliotecarios, etc.

 

Yuste es licenciada en Filología Inglesa e Hispánica por la Universidad de Salamanca. Máster en Edición, Literatura Infantil y Juvenil, y Lectura. Postgrado en Liderazgo y Gestión de Equipos, y Protocolo y Organización de Actos.

-En cuanto a los prescriptores cada vez son más, pero su fuerza prescriptora es mucho menor. Si unimos este hecho con el anterior, el resultado es que cada vez es más difícil conseguir visibilidad para un nuevo título, sea cual sea su calidad.

Bueno, depende, hay prescriptores con mucha fuerza. Los booktubers, los bookstagrammers… Otra cosa es a qué atienda lo que se prescribe. La calidad es una máxima para los prescriptores profesionales y, aunque hay muchos, no tienen tanta visibilidad. De nuevo, por eso surgió la idea del sello. Pero es un proceso largo porque, como sabes, es una iniciativa no lucrativa. Es una apuesta personal por compartir las mejores obras de LIJ disponibles en el mercado que, eso sí, intenta sumar fuerzas y establecer sinergias. En una primera fase, con las editoriales, que han respondido maravillosamente. Y, en fases posteriores, con otros agentes.

 

-Hablemos ahora de las bibliotecas otro sector que conoces bien, ¿Cuáles son los cambios más notables que han experimentado en los últimos años?

Buff, muchos. No sabría por dónde empezar. El cambio clave es la alteración en los sistemas de transmisión del conocimiento, creo. De él se deriva el resto. Internet ha permitido a cualquier persona, no sólo consumir contenido, sino generarlo y publicarlo (los dispositivos móviles han sido claves en este sentido); lo que implica que ciertas competencias o conocimientos, que antes residían en unos pocos expertos, se han expandido en la sociedad, y, por consiguiente, se están duplicando a velocidades vertiginosas. Este hecho ha impactado enormemente en el sector cultural, y por ende en las bibliotecas, porque los ciudadanos no las consideran necesarias para acceder a la información, ni ven a los bibliotecarios como figuras de mediación (aunque se produzcan “infoxicaciones”). La relación de las bibliotecas con sus usuarios se ha visto alterada por esta pluralización del saber en la sociedad, aunque diría que, en general, estas no han sufrido un verdadero cambio disruptivo.

«Mejor en verde» es un sello, creado por Elisa Yuste, que aporta un distintivo de calidad a las obras publicadas para niños y jóvenes en nuestro país.

 

-Es común escuchar el lamento de que los niños leen cada vez menos. Pero tengo la sensación de que no eres de las que se quedan fustigándote en el sofá, sino que prefieres pasar a la acción, por ejemplo, al crear el Sello de Calidad de la Literatura Infantil y Juvenil, Mejor en Verde. Háblanos de esta iniciativa.

Jajaja, me he adelantado 😉 Efectivamente soy poco de lamentos. Soy una entusiasta lectora de LIJ y me encanta compartir las obras que me conquistan.

 

-Otro proyecto todavía más reciente y en el que tú también participas es la del I Salón del Libro de Salamanca.

Sí, hace un año aproximadamente, un grupo de profesionales vinculados a la promoción de la lectura y la literatura infantil y juvenil sumamos fuerzas para darle a la lectura y a la literatura infantil y juvenil un lugar destacado entre las actividades culturales de la Salamanca, mi ciudad natal. Es una forma de aportar un pequeño grano de arena a una labor que creo imprescindible.

-¿Qué es lo más importante para que un niño se convierta en lector: la familia, el ambiente, las buenas recomendaciones, la escuela…?

La clave es la lectura compartida. Especialmente, en familia, donde se añade un componente afectivo que es difícil que logre un profesional, aunque los hay que consiguen. Pero contar con buenas obras es un plus.

La Biblioteca Municipal Torrente Ballester será el escenario principal del I Salón de Libro Infantil y Juvenil de Salamanca.

-¿Cómo puede competir un libro con todas las otras posibilidades de ocio?

Dando a la lectura el lugar que se merece en nuestras vidas, como actividad de la que se derivan enormes beneficios a todos los niveles. ¿No nos lavamos los dientes tres veces al día? Pues hay que leer un rato todos los días. De 5-10 minutos con los prelectores (incluso, cuando los llevamos en la barriga) a media hora/una hora a partir de la adolescencia. Sólo generando un hábito, la lectura tendrá su lugar en nuestro día a día, aunque desarrollemos otras actividades. Pero hay que tener presente que la lectura no siempre es una actividad de ocio y que, cuando lo es, es una actividad de ocio con un alto nivel de exigencia.

 

-A partir de 10 años es raro que un niño no tenga móvil; ¿cómo podemos los editores convertir la pantalla en una oportunidad y no en una pérdida?

Probando nuevas formas de contar historias. Bien como fin o bien como reclamo.

 

-Sé crítica: ¿de qué no nos estamos enterando los editores de LIJ en la era digital?

De que no se están formando lectores con mayúsculas. Se está enseñando a leer a los niños y niñas en la escuela, se está intentando que lean algo, pero, en general y con honorables excepciones, no se están formando lectores y esto es muy grave. No sólo para los editores de LIJ, también para los editores generalistas, que se va a encontrar con unos adultos que fundamentalmente consumen historias a través de la pantalla (vídeos en YouTube, videojuegos, imágenes en Instagram…). ¡Ojo! No es que este tipo de propuestas no tengan interés, muchas lo tienen y van más allá del ocio proporcionando una experiencia de lectura digital enriquecida, pero son las menos. Además, para formar lectores hay que enseñarlos todo tipo de textos, acostumbrarlos a leer en distintos formatos, a surcar diferentes vías y canales, prepararlos para saltar de uno a otro cuando la lectura lo precise. Sólo así se crean lectores competentes capaces de descifrar todo tipo de códigos, de comprender los mensajes que nos transmiten, de enjuiciarlos y ser críticos con ellos.