Un día, Kristian Eskild, ilustrador danés,  estaba en su casa y se puso a dibujar. Y esto es lo que dibujó:

Se lo mandó a su amiga la escritora Ellen Holmboe quien, al momento, se puso  a escribir la historia que la ilustración le sugería. Entonces, la colaboración continuó. A veces, el texto era el que llegaba primero; otras veces, lo era la ilustración,  dibujada minuciosamente con lápiz y acuarela. Por el camino, a uno u otro se le ocurrió la idea de enmarcar los textos en una cenefa de rabioso estilo art-decó. Donde suelen brotar flores y motivos vegetales y geométricos, aquí hay tibias, costillas, calaveras.  Tras tres años de fecunda y gozosa creatividad, Kristian Eskild  subía a recoger el Premio de Ilustración que todos los años concede el  Ministerio de Cultura de Dinamarca.

 

Estas fueron las palabras que acompañaron al premio.

«No todos los días se enriquece la literatura infantil con historias tan sombrías donde la moral brilla por su ausencia y la codicia, el egoísmo, la pereza y la presión del grupo campan por sus respetos. Tampoco es cosa habitual que un nombre relativamente desconocido en el mundo de la literatura infantil, el de Kristian Eskild Jensen, se convierta en centro de atención de un modo tan convincente. Es la suya una obra increíblemente bella que combina texto y dibujo hasta fundirlos en un todo, y con una riqueza para el detalle que tienen pocos. No es frecuente tampoco que una obra ilustrada para niños tenga este sabor de antaño tan ornamental y tan distinto a la gran mayoría de los libros infantiles que se hacen hoy día en Dinamarca.

Las ilustraciones de Jensen nos retrotraen a las fábulas del siglo XIX, donde los animales eran los protagonistas y el color era limitado. Sin embargo, lejos del espíritu edificante de los relatos del pasado, en estos toda lógica moral queda anulada y deja paso al cinismo y al azar. Todos piensan en sí mismos, como cuando el chacal hace creer a la hiena que está compartiendo toda su presa o la urraca engaña a la ardilla para que le muestre dónde ha guardado sus provisiones para el invierno. Todo ello ilustrado y narrado con mucho humor. Los naturalistas dibujos a lápiz han requerido tres años de trabajo y están realizados fundamentalmente en tonos negros, marrones, verdes y blancos. Son muy ricos en detalles e impresionan por un talento artesanal que recuerda a las láminas escolares del pasado.

Nos hacen sentir deseos de estudiar más de cerca el pico del halcón y las alas del gorrión. Es un trabajo que al tiempo que ilustra la fábula, le da la vuelta. Es amoral y feroz. Es divertido y hermoso.  Texto, marco e imagen constituyen un todo que hace de cada página una experiencia que invita a sumergirse en la lectura. Kristian Eskild Jensen (1972) estudió Comunicación Visual en el Kent Institute of Art Design de Maidstone, Inglaterra, y ha trabajado todos los géneros, desde el grafismo, el cine y la televisión hasta los libros de texto, los infantiles y las revistas».