Un mismo cuestionario para conocer a tres ilustradores fuera de serie con los que hemos tenido el placer de trabajar en A Fin de Cuentos. De estilos muy diferentes. De formación y gustos heterogéneos. Y con obras complejas en continuo crecimiento. 

Comenzamos con Jacobo Muñiz, (Pontedeume, A Coruña, 1973).

Cuéntame, Sésamo. A Fin de Cuentos, 2018.

«Al igual que las flores llaman a los insectos polarizadores, la ilustración colorea las palabras con dibujos que buscan atraer hacia el texto la mente del lector. Es una responsabilidad que da vértigo. Por eso prefiero olvidarme de ella y divertirme, simplemente, con mi trabajo. Porque la diversión es contagiosa.»

-¿Por qué entre todas las profesiones del mundo elegiste la de ilustrador/a? 
Porque fue la tabla de salvación que encontré en un momento de total indecisión.

-¿Ha sido un camino fácil? ¿Has estado a punto de tirar la toalla en alguna ocasión?  
Más que fácil, creo que se podría decir que no hubo complicaciones. Tuve la suerte de contar con el apoyo de las personas de mi entorno y de que los acontecimientos fueran desarrollándose de una manera positiva desde el principio.

 -¿Cuál  libro marcó tu carrera? 
Como antes, escrito por Ana Tortosa y publicado por Edelvives. Supuso un cambio cualitativo en mi manera de trabajar, más cerebral y analítica que hasta entonces.

Como antes. Edelvives, 2010.

 -¿Cómo afrontas un nuevo proyecto? 
Depende mucho de la naturaleza del proyecto. Si me gusta y me parece bueno tengo miedo a no dar lo que necesita, me siento muy indeciso y a la  vez lleno de ilusión y entusiasmo. Me encanta el proceso de buscar la línea a seguir y disfruto realmente documentándome.

 -¿Eres lento o rápido, intuitivo o cerebral trabajando? 
Según el tipo de trabajo. En general, creo que tengo buena capacidad para adaptarme a la tiranía de los plazos. Antes pensaba que era muy profesional por ello hasta que mi camarada Iban Barrenetxea me hizo ver la luz al mostrarme que la verdadera profesionalidad estaba en la calidad del trabajo que entregabas y en tratar de imponer una prórroga si hiciese falta, no en adaptar la calidad a ese plazo.
Con respecto a lo intuitivo y lo cerebral, me hace gracia comprobar que muchas veces, cuando creo que estoy aplicando una cualidad, realmente es la otra la que está dominando, de manera que pienso que al final llega un momento en el que son inseparables la una de la otra a la hora de trabajar.

Papá Oso. A buen paso, 2010.

-¿Qué cosas te inspiran? 
Me inspira la diversidad de cuanto nos rodea y la posibilidad de tomar diferentes caminos.

-¿Quién te inspira?, ¿cuáles son tus ilustradores de cabecera? 
Me fascina comprobar que hubo y hay muchísima gente con trabajos admirablemente bellos, necesarios, emocionantes e inteligentes, pero siempre tengo en la cabeza a Violeta Lópiz, Gusti y Francisco Meléndez.

-¿Es posible no tener un estilo reconocible, es decir, intentar cambiar tanto en cada proyecto que tu trabajo resulte siempre nuevo o uno tiene un estilo base que estira, amolda hacia diferentes lugares, siguiendo el texto? 
Personalmente, me gusta adaptar la estética de las ilustraciones a las sensaciones que me produce el texto. Me resulta también divertido sentir las influencias que en ese momento estoy recibiendo de esa exposición que visité o de ese libro que me impactó y probar cosas nuevas. Eso hace que si comparas todos mis trabajos, tal vez de primeras pueda parecer que son obra de personas distintas pero, analizándolos con un poco más de detalle, se ve que la manera de acercarse al texto, de jugar con él, es siempre muy parecida. Por lo tanto, la respuesta a la pregunta creo que sería que es una opción tener una estética reconocible o no, pero la manera, la personalidad de cada cual, la propia voz, como dice Javier Zabala, siempre nos acompaña y solo cambia si algo se modifica en nosotros mismos.

Camino. Libre Albedrío, 2015.

Diferentes muestras del trabajo de Jacobo Muñiz.

Io sono io. Leone verde, 2015.

-¿Tienes unas horas del día preferidas para trabajar o te lo tomas como un trabajo de oficina de 8 a 3, por ejemplo? 
Trabajo cuando puedo, o sea, cuando mis niños están en el cole.

-¿Qué haces cuando te atascas?  
Lo primero que hago es enfadarme y maldecir. Luego me aturullo y me agobio porque veo que van pasando los días y el plazo de entrega está cada vez más cerca hasta que llega el momento en el que me tranquilizo y empiezo a trabajar más despacio. Poco a poco, de entre la basura van surgiendo cosas reutilizables que abren caminos nuevos a los que de otra manera jamás habría llegado. O sea, que los atascos acaban siendo provechosos.

A senhora Verdade e a dona História. Editora do Brasil, 2017.⠀⠀⠀⠀

 -¿Has hecho libros cuyas historias no te interesaban y/o gustaban? 
Sí, prácticamente el 70-80%.

-Tengo la sensación de que un ilustrador una vez acaba una obra la siente menos suya que un escritor, ¿es  una sensación errónea? 
Siempre depende de la naturaleza de la obra. En mi caso se me ocurre que cuando me encargan ilustrar un texto es como si me lo dieran en acogida. Soy responsable de vestirlo a mi manera, de alimentarlo conforme a la dieta que yo considero saludable, de su educación, de transmitirle mi entusiasmo. Reconozco que tiendo a no ser respetuoso con su personalidad original y a veces trato de cambiarla y entonces es cuando puede llegar el toque de atención: eh, ¡que no es tu hijo! Aunque por lo general los escritores (AUTORES en los contratos) suelen aceptar esas aportaciones (o injerencias), incluso con entusiasmo, hay veces en las que dejan claro quién es quién. O sea, que más que seamos nosotros los que sintamos menos nuestras las obras se trata de que nos lo hagan sentir así.

Abuelita´s secret. Reycraft, 2019.

 -¿En qué proyecto estás trabajando ahora? 
Quiero ilustrar una obra ya publicada hace unos años por un amigo. Va dirigida a público adulto, de manera que se sale de mi registro habitual, que es más bien infantil.

 -¿Qué te gustaría hacer y todavía no has hecho? 
Me encantaría trabajar en algún libro con técnicas tradicionales, exclusivamente. Pero soy tan lento con ellas, ando tan escaso de tiempo y se gana tan poco dinero con este trabajo que creo que lo dejaré para la jubilación.

 -¿Qué es lo que más te emociona de tu trabajo? 
Aprender.

Jacobo Muñiz trabajando.