En la Orilla (3) Reflexiones estivales sobre promoción de la lectura

Fotos: Gotzone Agiriano//

Belén Juan. Periodista y editora (1)

Me habéis preguntado, desde A fin de cuentos, cómo creo que afecta a la promoción de la lectura el hecho de que se dediquen a ella más mujeres que hombres. ¿La escasez de mediadores masculinos hace que algunos niños y adolescentes varones perciban la lectura como una actividad “de segunda”? ¿Recomiendan las mediadoras sobre todo novelas, y esto hace que a los lectores de libro informativo les cueste sentirse parte de la comunidad lectora?

Bueno, es cierto que la mediación lectora es un poco como las clases de bailes de salón: se supone que debería interesar por igual a ambos sexos, pero la mayoría femenina es tan abrumadora que los hombres que se dedican a ella se ven como fresas en un frutero de kiwis: un poco exóticos y bastante vistosos.

Sin embargo, conozco a unos cuantos que se dedican a la literatura infantil. Desde luego, escritores, ilustradores y editores —ahí, donde se hace la magia—, pero también investigadores, narradores orales, blogueros, periodistas, libreros, booktubers infantiles e incluso bibliotecarios.  Me atrevería a decir que, como en tantos otros entornos con mayoría de mujeres, los hombres son muy bien acogidos y disfrutan de un reconocimiento que les permite ejercer ese papel de modelo masculino con comodidad, si es que hace falta establecer aquí esa distinción por sexos.

La novela es el género literario por excelencia y lo recomendamos —y leemos— unos y otras cuando conseguimos salir del monopolio del libro álbum que, no nos engañemos, es el auténtico rey de la promoción de la lectura (las consecuencias de este predominio dan para un texto aparte). También hay grandes apasionadas del libro informativo o el cómic entre las mediadoras y, lo más importante, entre las lectoras: esos libros no son patrimonio de los varones.

Todas las investigaciones sobre género y lectura aterrizan en el mismo sitio: en general las niñas aventajan a los niños en las competencias relacionadas con la lectoescritura y disfrutan más que los niños leyendo, una tendencia que se mantiene en la edad adulta. Estas diferencias se achacan a las peculiaridades neurobiológicas de cada sexo pero, sobre todo, a los estereotipos sociales que las criaturas integran desde edades muy tempranas.

¿El problema es que hay muchas más mediadoras que mediadores? No lo creo. La lectura no es una actividad estanca, aislada del resto de nuestras ocupaciones. Para mí, el tema es: ¿por qué hay niños que perciben que lo que hacen o dicen las mujeres es menos “guay”, o va menos con ellos? No creo que el tema tenga que ver con quién ejerce la mediación profesional, sino con los valores, actitudes y actividades que se respiran en la familia, en el colegio o en los momentos de ocio, también en los no relacionados con la lectura.

Como mujer nacida en los 70, he crecido rodeada de modelos motivadores masculinos y femeninos, y nunca me fijé en si esa persona que hacía cosas geniales, cosas que yo soñaba con hacer el día de mañana, era un hombre o una mujer. Lo que me llamaba la atención era lo que hacían y cómo lo hacían. En mi imaginario infantil de arqueólogos está tan presente Howard Carter, el descubridor de la tumba de Tutankamón, como Agatha Christie, protegiendo su cabeza del sol con sus sombreros de ala ancha en yacimientos de Irak o Siria. Si casi todas mis profesoras eran mujeres, en la biblioteca municipal había un bibliotecario; no recuerdo que sus recomendaciones fueran muy distintas. Tanto a mi madre como a mi padre les gustaba leer y regalarnos material de lectura. Cada uno según sus gustos, los dos atendiendo a los nuestros, pero nunca percibí un trato diferenciado en esto con mi hermano. Seguro que el mensaje de “si lo hace una mujer, no mola tanto” o “esto lo hacen las mujeres y no los hombres y viceversa” subyacía en muchas   realidades de la época, pero creo que a mí no me llegó mucho. Claro, que yo soy una chica. ¿Les pasaría lo mismo a ellos?

 

Si es cierto que hay niños que se sienten excluidos de la comunidad lectora por el hecho de que la mediación la ejerzan, sobre todo, mujeres, creo que tiene más que ver con los modelos de masculinidad basados en futbolistas-estrellas estratosféricas, la asociación de lector con empollón (y la inexplicable mala prensa de los empollones), el desequilibro que persiste entre padres y madres en la asunción de las responsabilidades de la crianza en muchas familias y el diferente rasero que se aplica en el mundo adulto a los logros e intereses masculinos y femeninos en multitud de ámbitos

Las investigaciones que apuntan que a los niños que empiezan a leer les gustan más los libros informativos, los cómics o los libros de chistes también las hacen mujeres. Si estas tendencias se detectan en las aulas, las están detectando, sobre todo, mujeres, ya que son mayoría en el profesorado de infantil y primaria. ¿No buscan recursos para enganchar a la mitad de sus alumnos?

Yo quiero ver a más padres acompañando a sus hijos en los cuentacuentos y en las bibliotecas y buscando hueco para la lectura en casa, como hacen tantas madres. Más libros sobre científicos sin distinción de sexo donde aparezcan más mujeres que Marie Curie; colecciones de biografías de artistas en las que convivan Andy Warhol y Frida Kahlo o, si vemos que sus peripecias vitales no son muy edificantes para el público infantil, sobre su obra, y así nos ahorramos varios kilos de azúcar que, por las tendencias del mercado, suelen caer sobre las cabezas de las niñas. Historias gamberras o sentimentales unisex, libros con propuestas de manualidades que mezclen purpurina y camiones (ninguno de los dos es patrimonio de ellos o ellas). Me gustan los libros en lo que lo fascinante es lo que aprendemos, lo que descubrimos, lo que sucede y cómo nos lo cuentan, y no que el protagonista sea una chica o un chico, y quiero creer que al lector infantil le pasa lo mismo y le da igual que se lo recomiende, lo escriba o lo ilustre un señor o una señora. Atender más a los intereses de cada niño y darle facilidades para que construya su trayectoria lectora desde ellos también está al alcance de los mediadores con independencia de su género.

 

Minibio (1)

Belén Juan es periodista y editora. Presta servicios editoriales a sellos de literatura infantil y juvenil. Estudió el Master en Literatura Infantil y Juvenil de la Universidad Autónoma de Barcelona (8ª promoción). Puedes leer sus reseñas sobre libros para niños en Ser Padres o Letsfamily.es.

 

 

 

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