Ayer, Sarean nos prestó sus instalaciones para realizar un taller de cocina. Asistieron Indiana, Ilargi, Naia, Izei, Ira, Olga, Max, Arrate, Angie, Izan, Jesús, Rachid y David y la cosa fue estupendamente, del principio al fin, con la ayuda generosa de Marina. Se trataba de hacer una copa de chocolate con un procedimiento muy divertido, que había visto en una web japonesa de nombre MosoGourmet 妄想グルメ.

Describo los pasos.

Primero,  inflamos ligeramente un globo (sí, sí, un globo, habéis leído bien) y le hicimos un nudo para que el aire no escapara. (Si compráis de esos globos que tienen forma de pera y no son muy grandes, mejor que mejor. Nosotros teníamos de los clásicos, de los redondos, y esos fueron los que utilizamos). Una vez inflado el globo, lo dejamos aparte y nos concentramos en el chocolate, negro, blanco o con leche, a gusto de quien se lo vaya a comer. De lo que se trataba ahora era de templarlo para conseguir una cobertura crujiente lisa y brillante. Así que lo primero que hicimos fue trocear el chocolate en dados pequeños. Después, lo pusimos en un bol y lo calentamos al baño maría, removiendo todo el tiempo. (También se puede hacer en el microondas, a potencia media y parando cada 30 segundos para remover con la espátula y controlar que no coja demasiado calor).  Es importante tener en cuenta que la temperatura del chocolate blanco es de 27,5: del con leche, 28º y del negro 30º. Lo ideal es disponer de un termómetro para medirlo, sabiendo, además, que si nos pasamos de temperatura, lo podemos arreglar añadiendo un poco de chocolate frío en trocitos. Pero nosotros, sin termómetro a mano, lo hicimos a ojo de buen cubero: cuando nos pareció que ya estaba totalmente líquido, lo retiramos del fuego y lo usamos. A continuación, mojamos la parte baja de nuestro globo en el chocolate -es importante mojarla bien, darle unas vueltitas para que quede todo bien cubierto y no nos quede una capa demasiado fina). Previamente, habíamos dispuesto unas bandejas con papel sulfurizado, ese papel blanco que se emplea en cocina. Pues ahí encima echamos un medallón generoso de chocolate, lo extendimos un poco con el reverso de la cuchara y pegamos nuestros globos. Cuando acabamos de untar todos los globos con el chocolate, los metimos en el frigorífico y esperamos a que se enfriara.

 

 

Y aquí llegó la parte divertida del asunto. Una vez el chocolate estuvo frío, pinchamos nuestros globos, pum, pum, pum, (en Sarean parecía que alguien había hecho estallar una traca de petardos), y con mucho cuidado los fuimos despegando del chocolate.

¡Voilà!

Hecha la copa, solo faltaba rellenarla de algún rico helado. Nosotros lo elegimos de vainilla, por aquello que se cuenta en Aventuras y desventuras de los alimentos que cambiaron el mundo sobre esta especia tan especial.

Mientras comían, había pensado leerles los capítulos dedicados al chocolate y la vainilla del libro. Pero era un comer tan alborotado y feliz, que mejor lo dejamos para otro día…

Ilustraciones que aparecen en «Aventuras y desventuras de los alimentos que cambiaron el mundo» en los capítulos dedicados a la vainilla y el chocolate respectivamente.